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Municipios

Cuando los ancestros vuelven a bailar, los Huastecos descubren que nunca estuvieron fuera de casa

Por unas horas, Monterrey dejó de escuchar el ruido de sus autos para rendirse al sonido del violín, la jarana y la quinta huapanguera. Las máscaras cobraron vida, las faldas multicolores giraron sobre la explanada y los pasos de las comparsas devolvieron a cientos de familias un pedazo de la tierra que dejaron atrás. La Huasteca había llegado al corazón de Nuevo León, no como visitante, sino como una cultura que también reclama su lugar en la historia de esta ciudad.

El pasado 24 de octubre, la Plaza Hidalgo, frente al Antiguo Palacio Municipal de Monterrey, comenzó y se convirtió en escenario de la apertura del Xantolo 2026, una celebración organizada por el Consejo Indígena de Nuevo León, presidido por su fundador, Liberio Porfirio Hernández. El encuentro reunió a integrantes de comunidades originarias de la región de las huastecas, asentadas en distintos municipios metropolitanos, para celebrar la vida, honrar a sus difuntos y fortalecer los vínculos que las unen lejos de sus lugares de origen.

La fiesta fue también una demostración de organización comunitaria gracias a Judith García, coordinadora de la comparsa Quetzal llegaron desde García, El Carmen, Salinas Victoria, Juárez y Monterrey junto con los danzantes y músicos que mantienen viva una tradición transmitida entre generaciones. Participaron agrupaciones como la Cuadrilla Quetzal, Comparsa El Fénix de la Huasteca, Comparsa Rescatando Tradiciones, La Tradicional de Salinas, Los Pilares, Quinta Unida, los Coles de Tezontla y la cuadrilla Santa Fe de Tantoyuca Veracruz, junto con otras expresiones culturales que llenaron la plaza de máscaras, personajes tradicionales y movimientos rituales. Los tríos Son Herencia y Lucero Huasteco aportaron los sones que acompañaron el encuentro.

Pero detrás de la música y el entusiasmo había un mensaje más. Frente a los asistentes, Liberio Porfirio Hernández convirtió la celebración en un llamado a la conciencia colectiva. Reconoció que las comunidades huastecas, aunque numerosas y culturalmente activas, todavía enfrentan el reto de organizarse para participar con mayor fuerza en las decisiones públicas de Nuevo León. Su discurso trascendió el terreno de las festividades: pidió dejar atrás el aislamiento comunitario y construir una representación propia en los ayuntamientos y en el Congreso estatal.

“Nos ha faltado organizarnos entre todos los huastecos y empezar también a solicitar o a tomar parte de los liderazgos políticos que existe y se comparte en este estado”, expresó Hernández.

Sus palabras pusieron sobre la mesa una contradicción: mientras las comunidades indígenas contribuyen al desarrollo económico, social y cultural de la zona metropolitana, su presencia en los espacios de decisión sigue siendo un asunto pendiente. Hernández estimó que en Nuevo León viven alrededor de 500.000 indígenas. Como referencia, un estudio publicado por el organismo electoral de Nuevo León documentó 352.790 personas que se identificaban como indígenas en 2020, bajo el criterio de autoadscripción.

El dirigente recordó, además, que las comunidades originarias no deben sentirse extranjeras dentro de su propio país. Invocó el artículo segundo de la Constitución mexicana, que reconoce la composición pluricultural de la nación y los derechos colectivos de los pueblos indígenas, entre ellos la preservación de su identidad y su participación en la vida pública. Para Hernández, residir en Nuevo León no significa renunciar a las raíces ni perder los derechos que les corresponden como mexicanos.

La celebración dejó también una muestra del esfuerzo de las comunidades por preservar el Xantolo más allá de sus territorios ancestrales. La Cuadrilla Quetzal y otras agrupaciones han llevado sus representaciones a García, Rancho Rivera, Paraje San José —en el sector Bosques—, Punta Diamante y Los Pilares, en Salinas Victoria, entre otros espacios. Cada presentación se convierte en un punto de encuentro donde los adultos recuperan sus recuerdos y los más jóvenes descubren el significado de una herencia cultural que se niega a desaparecer.

Hernández agradeció la colaboración de las autoridades municipales y pidió abrir más espacios para las expresiones culturales huastecas. La continuidad de las festividades, incluida la celebración del 31 de octubre en García y Paraje San José, fue presentada como parte de un esfuerzo por llevar las danzas a las colonias donde habitan estas comunidades. El objetivo, insistió, no es limitar el Xantolo a una fecha en el calendario, sino convertirlo en un instrumento permanente de unión, participación y reconocimiento.

Al caer la noche, mientras las comparsas continuaban sus danzas y el son se extendía entre los asistentes, la Plaza Hidalgo ofrecía una imagen poco habitual de Monterrey: una ciudad industrial que también se reconoce en las tradiciones de quienes llegaron desde las montañas, los ríos y los pueblos de la Huasteca. Allí, entre máscaras y flores, se hizo visible una identidad compartida que ha cruzado fronteras estatales sin perder su esencia

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